El líder nacional que es hoy Industrias Metálicas Anro nació hace medio siglo en una modesta fábrica en la localidad manchega de Tomelloso (Ciudad Real), descendiente directo de las antiguas fraguas donde, a base de fuego, yunques y duro trabajo manual las necesidades de los lugareños tomaban forma. Con sólo tres personas y en apenas 300 metros cuadrados, la pequeña empresa familiar se ganaba la vida fabricando rastrillos, horcates y cualquier otro instrumento de labranza que se solicitara.
Hubo de pasar más de una década para que la calidad de los trabajos de su joven fundador Ángel Rodríguez (de cuyo nombre proviene el topónimo Anro) le proporcionara el prestigio suficiente para entrar en contacto con el mercado de la construcción. En principio, en Anro sólo se fabricaba cerrajería, pero los sueños de este empresario eran ambiciosos. Y es que, a pesar de la inicial escasez de recursos, la empresa nació con una decidida vocación de liderazgo. Años de duro trabajo y de ganarse a pulso una buena reputación en la región consiguieron que los pedidos se multiplicaran.
Pasó otra década, tiempo suficiente para trasladarse a unas instalaciones más grandes donde poder comenzar a satisfacer los nuevos pedidos, fabricando las primeras estructuras metálicas, aunque por aquel entonces todas eran ligeras. Poco después vendrían las estructuras medias y el embarcarse en obras de gran relevancia como el Centro Comercial La Vaguada y la estación de Atocha en Madrid o la de Santa Justa en Sevilla. Entonces en Anro ya eran cerca de 80 empleados.
Los inicios del nuevo siglo marcaron un hito importante en la evolución de lo que ya era una sólida empresa manchega. La alta carga de trabajo obligó a ampliar la planta de fabricación y Anro tuvo que trasladarse de nuevo, haciéndolo a sus actuales instalaciones. Este traslado fue necesario para poder trabajar, por primera vez, con estructura pesada
Fuente http://www.cincodias.com
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